Emprender: Que Tu Motivación Realmente te Impulse

Emprender: Que Tu Motivación Realmente te Impulse

octubre 16, 2019 Coaching 2

Si hay algo que he aprendido en el tiempo que llevo trabajando en mi emprendimiento, es que mi propia motivación es fundamental para seguir avanzando, sobre todo en esos momentos en los que me siento perdida, insegura, con pocas ganas de hacer alguna actividad o simplemente cuando tengo miedo de dar un paso más arriesgado. Entendí que es fundamental saber y tener muy claro cuál es mi impulso, cuáles son mis razones para seguir hacia adelante, aún cuando no tengo certeza de nada, o cuando tengo toda la estabilidad (económica y material) que pueda necesitar… ¿Qué es lo que te mueve a iniciar o continuar con un sueño o meta que tienes? Y algo sumamente importante: ¿ese impulso te suma o te resta energía? En este artículo te explico la importancia de este tema contándote un poco de mi propia experiencia.


Ya hace varios años que comencé a prepararme en temas holísticos, de sanación y crecimiento personal. Lo hice porque fue una forma de trabajar en mí misma y de educarme para mi propio trabajo interno. Paso a paso, fui aprendiendo y comprendiendo la importancia de todas estas herramientas, y así mismo comencé a tener este profundo deseo de compartirlo con otros. Pensaba: «si a mí me está funcionado, seguramente a otras personas también«, pero todavía necesitaba seguir aprendiendo.

Con el tiempo, me fui sintiendo cada vez más preparada, mientras que ponía en práctica todo lo que aprendía con mis amigos y familiares. Esas prácticas me ayudaron mucho a tomar seguridad y así permitirme hacer todo lo que hago, pero más a nivel laboral. Es decir, tenerlo como mi propio proyecto de vida. Uno que, si soy completamente sincera, no me había planteado con completa seguridad, porque quizás no lo creía posible para mí. Pero las cosas cambiaron mucho en mi vida luego de un accidente que me llevó por caminos muy distintos a los que tenía en mente.

Haciendo la historia corta, uno de los grandes cambios fue migrar, lo que generó experiencias sumamente nuevas y positivas para mí. Por alguna razón que nunca comprenderé, fue cuando llegué a este país donde terminé de tomarme en serio mi proyecto, y comencé a emprender en todas las herramientas que aplico. Dije: «voy a trabajar como independiente, haciendo algo que amo, así no sea un camino seguro, sobre todo económicamente«. Entonces me moví hacia adelante con mi proyecto, aún cuando no tenía claras las razones por las que lo hacía.

A los meses las cosas comenzaron a ponerse bien difíciles para mí a nivel económico, y fue cuando empecé a dudar mucho de mi trabajo. Era esta pregunta constante de «¿por qué estás haciendo esto? ¿por qué asumir un riesgo tan grande cuando podrías estar trabajando de cualquier otra cosa? ¿por qué continúas?«

Estudiar Coaching me permitió tener la claridad que necesitaba.

Una simple pregunta me dejó pensando durante mucho rato, sin saber bien la respuesta: ¿Para qué haces lo que haces? No, por qué, sino para qué. El por qué tiene que ver más con el pasado o tus justificaciones, mientras que el para qué está enfocado en el futuro y lo que quieres lograr o alcanzar. Y de eso mismo se trataba: mi impulso estaba basado en una situación de mi pasado que me drenaba energía, en vez de darme esa fuerza que necesitaba para seguir avanzando.

Luego de meditar mucho sobre esa pregunta y mi emprendimiento, comprendí que mis motivaciones eran dos (en ese momento):

1) El accidente había dejado tanta culpa en mí, que quería «equilibrar» las cosas haciendo algo «bueno», haciendo algo que compensara por lo que había sucedido. Sentía que tenía una gran deuda que pagar y, aunque no fuera realmente así, eso no importaba. Lo que importaba era cómo me sentía inconscientemente. Como toda deuda, elegimos pagarla con dolor. Con el tiempo, mi emprendimiento no era mi forma de «pagar», sino las dificultades y el sufrimiento que me causaba seguir avanzando. Definitivamente, la culpa no estaba siendo una buena motivación para mí.

2) La escasez económica estaba siendo mi otro impulso. Necesitaba tanto ganar dinero para pagar mis deudas, que llegó un momento en el que hasta eso de ayudar a otros había pasado a un segundo plano. Pensaba en tener clientes sólo porque necesitaba ganar el suficiente dinero, aunque fuera para cubrir mis gastos. Y aunque está bien querer que nuestro emprendimiento nos de dinero y sea sustentable para nosotros, no está bien que esa sea nuestra principal motivación. Piénsalo: si es sólo por dinero que haces lo que haces, hay otras cosas mucho menos arriesgadas para ganarlo que siendo independiente o teniendo tu propio proyecto.

Luego que comprendí mis motivaciones en ese momento de mi vida, me pregunté lo siguiente: «¿Es un impulso positivo? Es decir, ¿el pensamiento que viene detrás del impulso está cargado de miedos, dudas, culpa o carencias? ¿O está cargado de pasión y amor por lo que haces?« Creo que es bastante claro que ninguna de las dos motivaciones que escribí arriba eran positivas para mí. Una estaba llena de culpa y la otra de carencia, lo cual me nublaba de miedo. Aún y cuando amo inmensamente lo que hago, con ese impulso no iba a llegar a ningún lugar. ¿Por qué?, porque mi proyecto se terminó convirtiendo en una gran carga, en vez de algo que me emocionara hacer.

Y créeme, al principio no me sentía así, pero si levantas el brazo para alzar algo, así sea súper ligero como un lápiz, después de un tiempo el brazo te comenzará a doler igual como si cargaras una pesa de 20Kg.

Al principio pude fluir con mi proyecto porque estaba comenzando, y además tenía esa emoción que me causan los inicios, pero después de un tiempo fue como arrastrar una gran piedra que iba creciendo y creciendo. Además, cuando el camino se dificultó (lo cual sucede en cualquier emprendimiento), no me sentía con energías para seguir avanzando. Quería renunciar y, en cierta forma, lo hice apenas pude.

Llegó un punto en el que mi situación económica mejoró, y fue como quedarme sin nada que me dijera: «Sigue con lo que haces«, así que bajé la guardia. En gran forma necesitaba un tiempo para reponerme energéticamente y para encontrar una motivación que fuera realmente positiva para mí. Necesitaba conectarme con mi verdadera vocación y mi verdadero impulso para seguir con mi proyecto, y así no irme por cualquier otro.

«¿Qué te motiva?«, me pregunté una y otra vez. «¿Para qué haces lo que haces? ¿Qué es lo que quieres lograr de aquí a unos cuántos años? ¿Qué es lo que quieres aportarle al mundo con esto que haces?«… Día a día y con mucha meditación, fui reconectando con mi verdadero impulso, uno mucho más simple, pero al mismo tiempo muchísimo más poderoso que los que había tenido antes:

Hago lo que hago porque amo mi trabajo, porque creo en cada herramienta que recomiendo o aplico, y estoy segura de que cada servicio que ofrezco puede ayudar a otros en su crecimiento personal. Lo hago porque quiero ser una guía para otros en su proceso de transformación, uno que a veces puede ser complejo y en el que pueden sentirse solos. Quiero brindarle apoyo a aquella persona que este dispuesta a hacer cambios positivos en su vida, quiero estar ahí para brindarle así sea un poquito de Luz. Sigo en este camino porque es mi pasión y porque sé que tengo mucho que ofrecerle al mundo.

Quizás hayan muchas otras razones más, pero para mí esa es la principal. Esa motivación me sacó del estancamiento y me impulsó aún cuando me sentía segura (económicamente hablando). Me ha movido hacia adelante cuando tengo flojera o cuando tengo mucho miedo de asumir algún riesgo. Cuando me siento perdida en mis decisiones, simplemente me digo: «Francis, recuerda para qué haces esto. Recuerda que esta es tu gran pasión«, y pues para mí es muy importante trabajar en algo que amo, y no hacerlo sólo porque sí.

Desde ese momento, dejé de dudar, dejé de buscar ofertas en otros trabajos y dejé de sentir como si mi emprendimiento fuera una carga súper pesada. Ahora lo veo como un reto que me emociona inmensamente construir, paso a paso, sin apuros pero también sin dudas. Y créeme, esto se siendo MUY diferente a como me sentía hace un año atrás.

Entonces, si tienes una meta, un sueño, un proyecto o una idea, no importa en qué área de tu vida sea o de qué tipo sea, pregúntate: ¿Para qué hago esto? ¿Qué me impulsa a levantarme día a día para seguir trabajando en esta meta?… Luego que reconozcas tu motivación, pregúntate: ¿Este pensamiento me suma o me resta energía? ¿Viene cargado de emociones como el miedo, la duda, rabia, ansiedad, culpa? ¿O viene cargado de pasión, amor e inspiración?

Además, puedes cerrar los ojos y visualizar o sentir eso que te impulsa, esa razón que te hace moverte hacia adelante. ¿Qué sientes? ¿Te llenas de más miedos o dudas, o todo lo contrario? ¿Te hace sentir tan bien que tu corazón se acelera y te dan muchas más ganas de seguir viv@ para crear eso que estás soñando? Al final, de eso se trata: nuestros proyectos son vida, y la vida es el corazón latiendo, no muriendo de pesar o miedo.

Y ey, es válido que sientas miedo cuando estás haciendo algo que es nuevo para ti o que te saca de tu zona de confort, pero el miedo no puede ser tu impulso. Todo lo contrario: aquello que te motiva a materializar tus sueños, también hace que tus miedos se sienten a un lado a verte crear magia en tu vida.

Tú lo vales.
Francis D. Nazar.


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2 comentarios

  1. […] qué es eso que te motiva, pero que este pensamiento sea lo más positivo y buena vibra posible. En este artículo hablo mucho más a profundidad de este tema porque es sumamente […]

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