Las expectativas y el inevitable sufrimiento

Las expectativas y el inevitable sufrimiento

julio 20, 2018 Autoayuda Reflexión 6

Mucho más seguido de lo que creemos, estamos esperando que alguna situación o persona sea como nosotros queremos. Nos quejamos del pasado, decimos «me hubiese gustado que tal persona hiciera tal cosa», o tenemos el deseo, inconsciente o consciente, de que alguien complazca nuestras necesidades. La realidad es que estamos llenos de expectativas del tipo: me gustaría, ojalá tal cosa sucediera, espero que esto sea de esta manera, ¿por qué aquella persona es así y no como yo quiero que sea?, etc. Y esos pensamientos pueden estar enfocados a situaciones del pasado, presente o futuro, pero, muchas veces, lo hacemos como una queja constante sobre nuestra vida pasada y aquello que sucedió que no nos hizo felices. Ahora, ¿esta actitud es sana para ti?


expectativasVoy al punto sin darle muchos rodeos… La verdad es que, querer que el mundo u otras personas cumplan con nuestras expectativas, es como querer encajar dos piezas de rompecabezas que no van juntas: una simple pérdida de tiempo y energía de nuestra parte. Por terquedad, ego o cierta actitud infantil, queremos que todo sea como deseamos y, cuando no sucede de esta forma, comienza la queja, molestia y el innecesario sufrimiento.

La realidad es que cada persona es un mundo, y no siempre pueden complacernos. Además, ni siquiera están en la obligación de complacernos, así como nosotros no estamos obligados a cumplir con las expectativas de otros.

El problema es que nos gusta quedarnos en el pasado y en ese «si hubiese sido de tal forma», «si no hubiese pasado lo que pasó» o «si aquella persona hubiera…» Te quedas atascado en eso que no sucedió y que, quizás, nunca hubiese sucedido, sin importar si en tu mente cambias las circunstancias o la actitud de otras personas. Y, de esta forma, jamás avanzas ni te permites aprovechar el presente. La verdad es que, tenemos la tendencia a gastar mucha energía deseando cambiar situaciones que ya pasaron o culpando a otros por lo que hicieron.

Nuestras expectativas no son hacia otras personas nada más, sino también hacia la vida misma. Y, si lo piensas un poco, también tenemos expectativas hacia nosotros mismos que, si no cumplimos, entonces terminamos castigándonos de alguna forma u otra. Y es ahí cuando caemos en el «si yo hubiese hecho o dicho…» Al igual que con los demás, no es una actitud nada sana para nosotros.

No nos damos cuenta que pasamos la vida queriendo cambiar a otros o deseando que nuestro pasado fuera diferente, mientras que nos esforzamos para que todo encaje en nuestras duras expectativas. Después el humano se pregunta por qué está constantemente agotado e infeliz.

La aceptación es la solución que nos brinda libertad. Sí, no es una solución sencilla, lo sé. Y digo esto porque, dejar la constante queja hacia «lo que sucedió» o «lo que espero de la vida y los demás», nos quita la excusa perfecta para dejar de asumir nuestro presente, y todo aquello que sólo a nosotros nos corresponde hacer, pero que nos da miedo o no nos agrada tanto.

Por ejemplo: si te quejas y además culpas a tu pareja porque no te apoya con tu dieta, dejas de asumir tu responsabilidad en un proceso que es sólo tuyo, y por el que no quieres comprometerte en verdad. Puedes decir «Si el/ella hubiese hecho la dieta conmigo, seguro ahora yo estaría más delgad@«, pero eso ni siquiera es algo que puedas asegurar. Lo único cierto es que estás buscando evadir tu responsabilidad con tu vida al quejarte del otro, además de querer forzar a alguien a hacer las cosas como tú deseas (Sin importar si  tu pareja necesita la dieta hasta más que tú).

Debemos aprender a eliminar el «hubiese» de nuestro vocabulario porque, inmediatamente, nos pone a luchar contra algo que ya sucedió y no va a cambiar, o nos pone a luchar con la personalidad y actitud de otros. También es sano dejar las expectativas («espero que»), no por conformismo, sino porque limitamos las cosas  a como esperamos que sean, lo cual nos lleva a molestarnos y sufrir cuando no sucede de esa forma. Muchas veces, ni siquiera termina sucediendo algo negativo pero, como no es lo que quería o esperaba, entonces ya me parece insuficiente.

Cuando aceptas las situaciones, cosas o personas como son     proceso que realmente inicia aceptándote a ti mism@ exactamente como eres    , ahorras toda esa energía que malgastas en quejas. Y logras hacerte responsable de tu vida en el presente para, de esta forma, poder enfocarte en lo que deseas materializar a futuro.

Piénsalo: ¿cuánta energía pierdes enfocándote en aquello que ya no tiene sentido? ¿Logras centrarte en lo que en verdad importa: tus metas, proyectos, tu trabajo de sanación, etc? Lo más importante, ¿logras disfrutar de tu vida cuando te quejas tanto? La felicidad sí es posible, eso te lo aseguro, pero sí que nos gusta sustituirla por el sufrimiento que dejan las expectativas. Y no te recrimines por eso; todos tenemos esa tendencia, sólo que algunas personas con más profundidad que otros. Sólo debes aprender a darte cuenta cuando estés actuando de esa forma.

¿Qué te recomiendo en este caso?

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  • Si te consigues diciendo «si hubiese», «si hubiera» o simplemente deseando que alguien actúe como tú esperas, detén el pensamiento y repite varias veces: «Acepto a esa persona/situación tal y como es».
  • Intenta mirar la situación/persona con ojos compasivos y pregúntate: ¿Qué es lo que esto me muestra de mi mism@ que me está molestando tanto? (Recuerda que, todo lo externo que nos molesta o afecta, es un reflejo de nosotros mismos).
  • Comprende que no todo puede ser como deseas y que si, en cambio, estás esperando que alguien cumpla con tu expectativa de amor, atención y cuidado, entonces ¿por qué no comienzas a amarte, atenderte y cuidarte a ti mismo, sin necesidad de exigírselo a otros? Te aseguro que ese camino es mucho más sencillo y efectivo.
  • Si la situación que viviste es muy dolorosa, es normal que te cueste aceptarla, llevándote a ese diálogo de «si hubiese hecho tal cosa, quizás no hubiera sucedido eso». En casos como ese, debes comenzar a vivir el duelo. Aceptar algo que nos dolió cuesta muchísimo más, porque es más complicado observar la situación sin queja o juicio. Sé compasivo contigo y tu proceso de duelo, el cual, poco a poco, te va llevando a la aceptación. Sólo recuerda: para que suceda así, debes permitirlo.

Entonces, deja las expectativas a un lado y atrévete a ver lo hermoso de la vida y otras personas, así sea a través de situaciones que no te esperabas o no te agradan tanto. Si todo el mundo se adaptara a nuestros deseos, o si pudiéramos cambiar las cosas del pasado que no nos gustaron, estaríamos viviendo en un mundo irreal y egocéntrico. 

Sin tantas expectativas, ahorrarás una cantidad de energía increíble al dejar de sufrir a causa de estas, y podrás centrarte en lo que en verdad importa, abriéndote camino hacia tu felicidad y paz interior.

Tú lo vales
Francis Nazar


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