Renacer después del caos

Renacer después del caos

abril 26, 2018 Autoayuda Reflexión 4

Admito que no sé bien cómo escribir este artículo, porque quizás será uno de los más personales que he publicado. Hoy exactamente se cumple un año en que mi vida, de un segundo a otro, se convirtió en un completo caos. A veces andamos tan tranquilos, creyendo que estamos tomando las mejores decisiones     ignorando esa voz en la cabeza que nos dice que vamos por donde no es     y, de repente, recibimos un golpe tan fuerte, una lección tan dura, que nos quedamos sin aliento. Después de algo así, no queda otra más que llorar y caer al suelo, simplemente deseando poder recobrar las fuerzas y las ganas para seguir adelante. Así me sentí hace un año, cuando un accidente con mi auto, hizo que tocara fondo.


Renacer después del caosTodavía recuerdo ese momento como si fuera ayer. Ese instante donde iba manejando, tranquilamente, y de la nada apareció algo al frente del auto, a solo unos pocos metros de distancia. Ya estaba anocheciendo y yo iba por el medio de una vía rápida     Catalogada como autopista    , mirando hacia el frente y en cuarta velocidad. Recuerdo todo eso claramente, así como recuerdo a una persona parada al frente del auto. Apareció de la nada, como cuando una neblina se dispersa y, poco a poco, vas notando lo que esconde. Cuando me di cuenta lo que esa neblina escondía, ya no había nada que yo pudiera hacer.

En el medio de esa vía, estaba parada una señora mayor, quien se dobló un poco esperando el impacto del auto. Hasta esta fecha, no sé     y quizás nunca sepa     si ella estaba ahí porque deseaba ser atropellada o porque tenía algún problema de lucidez mental. Pero, al final, nada de eso importa. Al segundo siguiente que noté lo que tenía al frente, frené como nunca y sin pensar en que quizás podía estrellarse otro auto atrás del mío, ya que era una hora de mucho tráfico. No pensé en nada de eso, sólo en que tenía que frenar para no golpear a esa persona que había aparecido de repente en medio de la vía.

Creo que hice lo que pude, pero quizás no había mucho que pudiera hacer. Lo siguiente que recuerdo fue el sonido del impacto como si hubiese sido contra una roca, el parabrisas roto y el auto detenerse de golpe, aunque sin haber podido evitar lo que, como dije, era inevitable. Después de todo eso, llegó el caos.

Quizás la peor parte para cualquiera hubiese sido todo el embrollo legal en el que me vi metida. Obviamente era la vida de una persona, así que tenía que haber una investigación de todo lo que había sucedido. Si algo, por más mínimo que fuera, salía mal, existía un gran riesgo de que yo fuera enjuiciada. Gracias a Dios no fue así, ya que se pudo demostrar que había sido un accidente, y la familia de la señora no presentó cargos exactamente por eso. Estaba libre, aunque dentro de mi propia cárcel de tortura mental.

Era peor el juicio que me hacía a mí misma, que el juicio que me pudo haber hecho cualquier otra persona. Recuerdo analizar toda la situación, pensando en miles de cosas que pude haber hecho para evitar lo que sucedió. Recuerdo decirme «asesina» unas cuantas veces y la culpa carcomiendo dentro de mí. Todos con quien hablaba me decían que no era mi culpa, que había sido un accidente y que     energéticamente hablando     la señora había elegido su muerte de esa forma. Me decían muchas cosas, pero yo no me creía nada de eso. Al final, el trabajo más difícil que nos toca hacer es el del auto perdón.

Sabía que debía conseguir la forma de perdonarme, pero no sabía cómo. Algo tan grande como la vida de una persona, era algo que no podía dejar pasar así como así. Estaba en pleno caos, en pleno duelo y sabía que, si existía alguna manera de reencontrarme con mi felicidad, era algo que me tomaría tiempo. ¿Cuánto? No tenía ni la más mínima idea, así como no tenía idea de si iba a poder superar algo así.

Creo que la vida sabe cuáles son nuestros puntos débiles y, cuando necesitamos una lección grande para despertar de nuestra constante inconsciencia, es ahí donde apunta.

Para mí, la vida de una persona es sumamente valiosa, y así haya sido una señora bastante mayor, no podía dejarlo pasar así como así. Por eso, no tenía idea de si podría superarlo o no. Creo que hubo instantes donde juraba que no iba a lograrlo, que mi vida sería un completo desastre y no habría manera de reconstruirla. Así que, quizás… Quizás era mejor rendirme.

Pero no, la verdad es que no soy de las que se rinde. Hace varios años atrás escribí algo que decía «No me rendiré, aún estando dentro del fuego», y en esos meses después del accidente, después de decidir que no me iba a rendir, fue algo que me repetí mucho. Para mí, esa experiencia se convirtió en algo que me ha determinado: mi mayor impacto, la mayor impresión, lo más grande que haré en esta vida no será ese accidente donde una persona perdió la vida. Ese pensamiento cambió muchas cosas dentro de mí y, aunque parezca increíble, me ha impulsado a ir tras mis sueños y metas.

Sí, claramente la lección fue así de dura porque estaba tomando muy malas decisiones. Quizás no fueron errores basados en malas intensiones, pero al final, iba por el camino equivocado. Ahora, después de un año, puedo verlo con mucha claridad. Tenía que hacer muchos cambios en mí.

No solo era hacer un trabajo de consciencia sobre el pasado, mi infancia y todo eso. Sino también sobre mi presente y todo lo que quiero lograr a futuro. Entendí que seguía viviendo la vida a la deriva, sin plantearme metas reales, sin esforzarme por nada. Era irresponsable e inmadura en muchos sentidos, y estaba dejando a un lado mis proyectos de vida por perseguir una idea falsa del amor. Ese amor que salva al más débil, fue lo que, en parte, me llevo a necesitar ser salvada.

Hoy, después de un año del caos, estoy segura que sí es posible renacer. Por eso quise escribir este artículo. Como dije, los primeros meses no sabía si podría superar algo así, después me centré en mi emigración y además me tomé tiempo para hacer terapia y sanar lo del accidente. Recuerdo que lloré muchísimo, pero fue una gran forma de limpiarme.

Los siguientes 6 meses los he vivido en Chile, un proceso que me ha puesto a prueba pero, como siempre digo, hay cosas mucho peores que emigrar. Para mí, emigrar ha sido un reto, uno que agradezco muchísimo porque me ha hecho madurar y crecer. Además, este país me ha permitido avanzar como terapeuta alternativa, algo que considero mi propósito de vida. Por eso, aún y con los miedos y las dudas que a uno le dan cuando es emigrante, no he desistido en mi misión que es ayudar a los demás a través de estas terapias, herramientas o hasta con mi blog. Han sido pasos que he ido dando poco a poco, pero estando clara de que no quiero postergar mis sueños por más tiempo.

Si algo aprendí con ese accidente es que la vida se nos puede ir de un segundo a otro, o podemos entrar en una fase de caos donde no podremos hacer todo lo que siempre hemos querido. Es por eso que hay que aprovechar el presente, sobre todo cuando este está siendo amable con nosotros.

Entonces sí, me queda claro que es posible renacer después del caos. Es posible reorganizar nuestra vida, volver a sonreír y mirarnos al espejo con amor, en vez de con juicio. Sí es posible superar un duelo y sanar las heridas. Además de que sí es posible hacer los cambios que necesitamos para que, ese mismo renacimiento, sea posible.

Siempre le digo a las personas que atiendo que no hay «vía fácil» en esto de la sanación. No basta con ir a terapia o leerte un libro de autoayuda. Todo eso te puede brindar una guía valiosísima, pero no es lo que te llevará a una transformación real. Lo que te brindará un cambio positivo, será el trabajo que hagas día a día para sentirte mejor contigo mismo, amarte más, perdonarte, sanar tu pasado y aclarar tu mente para saber lo que quieres hacer hoy para así crear un mejor futuro.

Renacer después del caosRenacer después del caos toma tiempo, ganas y paciencia. Quizás requerirá que busques apoyo, que llores muchísimo o hasta que te permitas sentir el dolor en su máxima expresión. Pero, mientras te permitas ver la enseñanza que la vida te está dando, mientras la integres en tu vida y hagas los cambios que debas hacer, siempre estarás a salvo. Después de un tiempo, agradecerás por lo vivido aún y con todas las dificultades que presentó. Podrás agradecer en serio, porque verás el camino que te llevó a recorrer.

Sinceramente, no sabría qué sería de mi vida en este momento, si ese accidente, con todo y lo extremo que fue, no me hubiese «redireccionado». Hoy soy otra persona, pero realmente creo que soy una persona mejor. Además que me gusta mucho más lo que estoy haciendo ahora, que lo que estaba haciendo hace un año atrás. Sí, dejé de mirar a la muerte y me centré en apasionarme por la vida y todo lo grandioso que puedo hacer en este mundo.

No digo con esto que mi vida ahora sea perfecta, obviamente sigo viviendo experiencias que me hacen aprender y crecer, pero en definitiva he logrado reponerme de una situación que fue bastante dolorosa y trumática. Fue todo un Renacimiento que me tomó tiempo, además de algo realmente fundamental: mucho amor propio. Hasta pude corroborar, además, que el amor propio es lo que realmente nos salva.

Así que, si estás viviendo un momento muy difícil, si sientes que tu vida es un completo caos, toma aire y ten paciencia. La tormenta pasa, pero también debes procurar que suceda de esa forma. Debes buscar la Luz que hay dentro de ti para que tu vida también se llene de esa misma energía. No te rindas, no tapes el caos con más caos. Ten fe, busca ayuda si la necesitas y sé fuerte. Quizás estás más cerca del cambio de lo que crees, así que sigue adelante.

Este artículo, fue esscrito en su honor. Lo siento, perdóname, gracias, te amo.


Tú lo vales
Francis Nazar


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