La Independencia del Ser: Tu Verdadero YO

La Independencia del Ser: Tu Verdadero YO

septiembre 4, 2019 Autoayuda Reflexión 2

Como individuos estamos en un mundo en el que, al estar rodeados de otras personas, creamos conexiones constantemente, conociendo, aprendiendo y experimentando. Hasta antes de nacer —cuando estábamos en el vientre de mamá—, ya estábamos interactuando con nuestro entorno, sólo que no de forma directa. Desde ese momento, comenzamos a crear una «base de datos» de creencias, impulsos y limitaciones, así como estábamos formando una idea de lo que la vida sería para nosotros ya después de nacer. Poco a poco y a través de cada experiencia, sobre todo aquellas que nos impactaron —positiva o negativamente— en nuestra infancia, también fuimos creando una idea de lo que sería nuestra identidad. Pero, ¿esta «idea» es realmente cierta? ¿Estamos seguros de quienes somos como individuos o simplemente estamos copiando y pegando lo que hemos visto en otros?


Es bastante probable que alguna vez hayas visto a un bebé o a un niño pequeño, y te hayas fijado de cómo están curioseando todo el tiempo. Están tocando, observando, probando, escuchando. Están entrando en contacto con su entorno tanto como se les es posible, simplemente porque están en una etapa en la que necesitan aprender para así poder adaptarse a un mundo que es totalmente nuevo para ellos. Y la palabra clave es la ¡adaptación!, exactamente porque ese niño necesita integrar tanta información en sí mismo, hasta lograr «encajar» de alguna forma u otra en la historia que se le está presentando.

Imagínate que precisamente la vida no es más que una obra de teatro, en la que nace un niño dentro de una historia ya preestablecida y que ya lleva tiempo narrándose. Este bebé, sin nada o muy pero muy poco conocimiento de su libreto, simplemente comienza a observar a los demás actores, empieza a absorber información hasta que logra crear una idea de lo que él, por sí solo, debería hacer dentro de la obra a la que pertenece.

Verdadero Yo

Y es muy probable que, en algún momento, ese niño se pregunte: «¿Dónde pertenezco? ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es mi personaje en toda esta historia?». Como no tiene idea, simplemente comienza a copiar al resto de actores, sobre todo aquellos que generan mayor conexión con él. Pero, ¿es ese realmente el papel que vino a desempeñar este bebé quien, poco a poco, irá creciendo hasta convertirse en un adulto? Un adulto quien, por cierto, no debería estar copiando a otros actores, pero fue lo que aprendió a hacer.

Digo todo esto de esta forma metafórica para ilustrar de mejor manera lo que, inconscientemente, hacemos todos y cada uno de los humanos. Nacemos y comenzamos a copiar a los demás. Es bastante notorio en un bebé, sobre todo en actitudes que son muy obvias como, por ejemplo, que comience a sentarse igual como lo hace su papá, o que repita palabras que escucha constantemente. Pero esa «copia» también se está generando de formas mucho más profundas, hasta ir definiendo la identidad de este niño.

Así nos pasó a nosotros en la infancia y adolescencia: fuimos construyendo nuestra identidad en base a nuestro entorno. Lo hicimos para adaptarnos, pertenecer y, quizás, hasta para sobrevivir. Pero llega un punto, cuando ya somos adultos, que esa «copia básica» de nuestra identidad, ya no nos sirve de nada. Es como la versión 1.0 de nuestro YO —Mi Francis 1.0— , la cual llega un punto en la que caduca y necesita, casi que obligatoriamente, una actualización.

¿Una actualización de qué exactamente?

De ese libreto que nos inventamos basándonos en lo que vimos de nuestro entorno, con características de nuestro personaje el cual, muy probablemente, no vino a ser y hacer eso que creemos. Empezamos a decir: «Este personaje que soy yo debería hablar, actuar, pensar y vivir de tal forma, porque así fue como aprendí que debía ser», pero es bastante seguro que algunas de esas definiciones no sean lo que tú realmente eres.

Como mencioné, en la niñez y la adolescencia es normal tomar esta actitud porque necesitamos basar nuestra identidad en algo; todavía no tenemos la suficiente madurez como para hacernos las preguntas correctas que nos lleven a conocernos en verdad. Pero, ya de adultos, no nos sirve de nada seguir con la misma conducta automática. Ya no nos sirve basar nuestro YO en cualquier cosa que veamos afuera —nuestro entorno—, y tampoco nos beneficia quedarnos sin actualizar la versión 1.0 de nosotros —todo aquello que, por aprendizaje, creemos que somos.

Este tema es sumamente importante ahora más que nunca, que hay tanta información y que están las redes sociales mostrándonos distintos tipos de vidas a las que podemos, muy fácilmente, comenzar a copiar si realmente no nos hemos dado el tiempo de crear una identidad sólida.

Es mucho más factible que esto suceda en personas jóvenes, pero si un adulto de 40 años no ha actualizado su versión 1.0, también es probable que tenga la misma actitud del bebé perdido dentro de una obra muy, muy grande.

Y quizás te preguntes por qué es tan importante profundizar en tu verdadero yo, cuestionando esa versión básica de ti

¿Por qué es tan importante que te des el tiempo de conocerte realmente? Pues es simple: porque viniste a crear tu propia identidad y, de esa misma forma, viniste a manifestar algo grande en tu vida que llevará tu propia marca y personalidad. Tengo la firme creencia de que todos tenemos un propósito y que, cada uno de nuestros talentos y capacidades, se nos fueron dados por una razón mucho más grande que hasta nosotros mismos.

Estamos aquí por algo y para algo, y no es precisamente para copiar a otros, o definirnos según lo que otros nos digan. Mucho menos estamos aquí para hacer de nuestra vida un completo desastre, sólo porque no nos hemos dado el tiempo de conocernos a nosotros mismos.

Si hay algo que te puedo asegurar de todo mi proceso de evolución, es que no hay nada que me haya beneficiado más que detenerme para mirarme y conocerme. Saber quién soy, más allá de lo que vi en mis padres, de lo que aprendí de mi entorno o de lo que me dijeron que debería ser. Reconocerme por completo, con mis virtudes y desaciertos, es lo que me ha permitido avanzar con seguridad hacia mis metas.

Y admito que cuando siento que estoy avanzando a ciegas, sin saber bien lo que quiero manifestar desde mi verdadero YO, entonces vuelvo a detenerme. Porque también he aprendido que, ese tiempo de detención, puede salvarme de perder mucho más tiempo en errores e insatisfacciones —aunque sé que los errores también nos ayudan a crecer.

Entonces, ¿quieres pertenecer a ese mundo que está lleno de copias? ¿O te atreves a salir de lo cómodo, conocerte y seguir tu propia verdad? Date el permiso para ser la mejor versión de ti mism@, reconociendo tu Luz, tu identidad y cada una de tus capacidades. Mira en tu interior y te aseguro que encontrarás todo un mundo completamente abundante y hermoso, y lo que es mejor: Será tu verdadero mundo, tu verdadero YO.

Atrévete a hacerte preguntas que te permitan conocerte, date tiempo a solas, sin distracciones ni evasiones, y en ese espacio conecta contigo, que eres lo más importante que tienes. Sin ti, no serás capaz de avanzar hacia esa vida que sabes que te mereces. Y si no sabes por cuál pregunta comenzar, pues aquí te dejo una: ¿Quién eres en verdad? Más allá de tu trabajo, tu profesión, pareja, amigos, padres, país en el que naciste, preferencia sexual, color de piel, etc. Más allá de todo eso, ¿quién eres?

Y no te preocupes si no sabes responder esa pregunta rápidamente; a todos nos pasa. Simplemente sigue observándote y conociéndote, y poco a poco podrás responderla con toda claridad y seguridad.

Así que, ¿hoy eres una copia de otros o ya has ido reconociendo tu verdadero YO?
Tú lo vales
Francis D. Nazar


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